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CASTA Y CORAZÓN: LAS CLAVES DE LA SALVACIÓN

El 25 de agosto el Córdoba CF B hizo historia al culminar el trabajo realizado en la campaña anterior y debutar en Segunda B. Una nueva etapa se abrió para el filial, aunque el comienzo fue bastante duro: un único punto sumado en las primeras ocho jornadas llevó a José Antonio Romero a hacerse cargo del conjunto. El técnico, en contra de lo que muchos pensaban, creyó firmemente en la salvación. Trabajo, casta, esfuerzo, responsabilidad y competitividad fueron los baluartes que le imprimió a un grupo que poco tardó en responder.

Durante muchas jornadas ocupando el farolillo rojo (lo abandonó definitivamente en la decimonovena) y habiendo estado hasta a 9 puntos de la zona de permanencia, el grupo se hizo cada vez más fuerte e inquebrantable. Una piña que ha sabido sacudirse la enorme presión que ha tenido que soportar durante toda la temporada y que, semana a semana, fue dando muestras de su mejoría. Ya no sólo en los números, que hablan por sí solos, también en las sensaciones.

Queda ya muy atrás la primera victoria en la categoría frente al Écija (jornada 14) o el triunfo sobre el Albacete (1-0), sin duda, el punto de inflexión en la carrera del Córdoba CF B hacia la permanencia. Porque fue ante el conjunto manchego (líder y campeón del grupo) cuando los de Romero demostraron que estaban sobradamente capacitados para vencer a cualquier rival. A partir de ahí, encadenaron su primera buena racha: cuatro partidos consecutivos puntuando (tres victorias y un empate). Es más, desde la jornada 18 (partido contra el Albacete), el Córdoba CF B ha sumado 37 puntos y sólo se ha visto superado en este aspecto por el líder (40).

Ahora, el objetivo se ha conseguido a falta de la disputa de la última jornada. Y lo logró, precisamente, en casa del campeón, siendo el único conjunto de la categoría que ha vencido en sus dos encuentros a los manchegos. Lo hizo en un escenario espectacular y no podía ser menos. Este grupo se merece eso y mucho más. El gran abrazo que se dieron todos los que han hecho posible este "milagro" al término del encuentro en el Carlos Belmonte demostró, una vez más, que la unión hace la fuerza; y si a eso se le une que el equipo tiene CASTA y CORAZÓN, poco más hay que añadir.

No ha sido fácil, ni mucho menos. El grupo volvió a demostrar de qué pasta está hecho cuando se confirmó el alcance de la lesión de Pedro, o cuando algunos tuvieron que compartir su compromiso con el primer equipo y, entonces, Romero tuvo que tirar de los juveniles, que le respondieron y con creces. Porque ellos también tienen buena parte de la culpa del logro conseguido.

Porque costó sangre, sudor y lágrimas, la salvación se saborea mucho mejor. El Córdoba B ante la adversidad se ha crecido y le ha llegado la hora de disfrutar con el objetivo cumplido. Por los grandes momentos que nos habéis hecho pasar: ¡GRACIAS EQUIPO!